LAGRACIA

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FLORES Y BAILES DE GRADUACIÓN

Le pusieron un deshilachado ramo de flores en las manos y salieron corriendo. Su cara debió de ser muy graciosa porque la primera persona que pasó tras él se paró sin mucho disimulo y le enfocó con el móvil. Ella se tapó la cara con el ramo y se dio la vuelta para evitar la foto. Estaba acostumbrada a que se metieran con ella, por lo que ésta debía de ser una broma más de alguien con demasiado tiempo libre y ganas de ver sufrir a una persona a la que tal vez ni siquiera conocía. Entregó el ramo a la primera persona que se cruzó en su camino que le pareció que se lo merecía y siguió andando en dirección al instituto subiéndose la mochila con un saltito y un leve movimiento de hombros. Sabía que al llegar allí alguien ya se habría enterado de lo sucedido. Hoy en día con los móviles e internet, se podía torturar a una persona de forma anónima y en sólo décimas de segundo. Seguro que no pasaría mucho tiempo antes de que todo el mundo lo supiera. Así podrían seguir mofándose de ella.

Cruzó la entrada justo en el momento en el que sonaba el timbre que anunciaba el cierre de puertas. Atravesó los pasillos llenos de carteles anunciando el baile de fin de curso, tema que había copado todas las conversaciones del recreo durante las últimas semanas, y aceleró el paso en el último momento para evitar llegar más tarde que el Señor Castillo. Se sentó en su sitio con un suspiro de alivio mientras el profesor de Historia cerraba la puerta, encendía el proyector y bajaba las persianas para dejar la clase en penumbra.  Se recolocó sus grandes gafas y atendió a la pantalla sin reparar en ese sitio que se quedaba vacío en la última fila y que se mantendría libre el resto del día por pura vergüenza.

La habitación de Charlotte Wiesiolek para Urban Otfitters

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