LAGRACIA
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MUDANZA

MUDANZA

Su obsesión con los suelos de damero se remontaba a cuando era pequeña. El portal de la casa donde vivía en Guatemala con sus abuelos tenía ese tipo de suelo tan particular y ella solía cruzarlo dando saltitos intentando pisar sólo las baldosas blancas hasta que conseguía llegar sana y salva al ascensor. Se quedó en la cama, abranzándose las rodillas, con la mirada fija en las baldosas blancas y pensando que tal vez si evitaba pisar aquellos cuadrados negros volvería a sentirse tan a salvo como en aquellos años. Negó con la cabeza sacudiéndose esa absurda idea y se levantó a por sus cigarrillos.

Se había mudado hacía tres meses y a pesar del gran tamaño del piso, aquella era la única habitación ocupada.  Todo el dinero lo había gastado en aquel espacio que

desde la primera vez que lo vio sintió que esa habitación y no otra, estaba destinada a ser su refugio, su verdadera guarida. Invirtió en cojines, sábanas de lino y jarrones que le permitieran tener sus plantas cerca. El resto vendría poco a poco. Mientras tanto no le preocupaba tener su vida metida en cajas si cuando entraba en esa habitación toda su existencia parecía estar en orden.

Encendió un cigarrillo y abrió el balcón de par en par dejando entrar la primera luz de la mañana de golpe. Sentándose en el borde con las piernas desnudas fuera, miró el móvil justo cuando un mensaje saltaba en la pantalla.

MATEO: ¿Estás despierta?

Texto: LAGRACIA / Estilismo: LAGRACIA, Itxaso lara / Fotografía: Laura Ortega